lunes, 2 de abril de 2012

Doble derrota

Crédito foto: Argentina- Bélgica, España 1982


Era la madrugada del 13 de junio, lo sabíamos porque habíamos escuchado el día anterior en la radio, que la selección debutaría en el Mundial de España frete a  Bélgica. Por ese entonces a la radio la prendíamos sólo unos minutos al día ya que nos quedaba el último juego de pilas, que nos había llegado en uno de los reabastecimientos de mercaderías y balas que nos habían hecho.

La noche estaba parcialmente nublada, eran muy pocas las estrellas que se lograban distinguir en el cielo, pero sí se podía observar a la luna plateada como el aluminio. Era lo único que podíamos ver en la fría noche desde de la madriguera en la que me encontraba junto a José “el negro" Baltasar, un correntino de 19 años que había llegado desde un pueblo muy pequeño, que no recuerdo el nombre pero si que tenía tan sólo 150 habitantes.

Él vivía con sus padres con total armonía; trabajaba en la carnicería del pueblillo como ayudante de su tío, mientras que por las tardes viajaba a la capital para ir a entrenar al club Boca Unidos de Corrientes.
El negro era fanático del Boca Juniors, de Buenos Aires, y su sueño era jugar con la azul y oro en la Bombonera. Recuerdo que siempre me relataba el gol de Maradona a Fillol y que tenía grabado en la mente aquel día en que lo dejó de rodillas en el barro. Había estado presente ese partido, lo había llevado un primo que tenia en el barrio de Caballito que conocía muy bien su amor por el fútbol y por la entidad Xenize.
Estuvimos toda la noche despiertos, teníamos los pies y las manos congeladas, nuestros estómagos chillaban pidiendo algún alimento sólido y el viento cortaba nuestros rostros. El  batallón estaba a la espera de la llegada del enemigo, pues ya sabíamos que los ingleses estaban por todas partes y que habían tomado casi todas lasIslas Malvinas y venían caminando hacia nuestras coordinadas, por lo que en cualquier momento podríamos encontrarnos en un enfrenamiento cuerpo a cuerpo.

La noche transcurrió sin que el enemigo se hiciera presente por nuestro puesto de guardia. Promediando la mañana un bomba tirada desde un avión estalló a pocos kilómetros de donde estábamos, por lo que nos dimos cuenta de inmediato que los ingleses se estaban avecinando y que la bomba era el principio de lo que terminaría siendo nuestra última batalla.

El viento empezó a soplar desde el sur con mayor intensidad y el zumbido que realizaba era cada vez más fuerte. Nadie hablaba y el “negro” congelado estaba con el fusil en una mano y con la otra tomaba su pequeña radio Spica que le había regalado su abuelo y se la ponía junto al oído a la espera del comienzo del partido entre Argentina y Bélgica..

Minutos más tardes escuchamos otra explosión. Primero muy alejada y luego atronadora. No nos dio tiempo prácticamente a reaccionar; la neblina era muy espesa y no alcanzábamos a dilucidar a más de unos 100 metros. Poco después escuchamos unas gigantescas explosiones por lo que nos dimos cuenta que estaban  bombardeado nuestra retaguardia.

Los aviones que veíamos sobrevolar cada tanto ya empezaban a desfilar por sobre nuestras cabezas como si fuera una exhibición aérea.

A las 11:30, lo recuerdo claramente porque radio Nacional cortó su trasmisión previa al partido para dar un informe sobre el ataque que las tropas enemigas estaban haciendo justamente a nuestro puesto, los británicos realizaron tres ataques. El primero lo rechazamos e hicimos que tengan que retroceder unos 50 metros gracias a que respondimos con todo el armamento pesado que nos quedaba tirando con nuestros morteros.

Pero ese ataque nos pego muy duro porque nos habían entrado por nuestro fuerte. Entraron con una neblina terrible y debido a unos de los bombardeos previos al ataque habíamos perdido nuestro radar, por lo que se nos imposibilitaba saber por donde atacaría el enemigo.

Al comienzo del segundo ataque, “el negro” me dice: “Acaba de arrancar el partido de la selección”. Esta ofensiva nos entro por la izquierda, pero de frente a nosotros; o sea que otra vez trataban de vencer la resistencia, pero los rechazamos nuevamente.

Por un momento se dio el cese del fuego y en ese momento me acerqué al “negro” que estaba con la radio y juntos escuchamos el gol de Bélgica. Peor no podíamos estar: nos estábamos quedando sin municiones, los ingleses cada vez nos tenían más cercados y la selección estaba perdiendo en su debut en el mundial.

En el tercer ataque nos arremetieron con los morteros que les acercó la caballería que se había acercado desde la costa. Ésta es un arma que nos complicaba mucho porque no teníamos el radar y nos era muy difícil de detectar ya que escucha menos y a uno le sorprende el proyectil.

El Coronel Alustiza nos gritó que se acaban las balas, agarró uno de los morteros, lo dio vuelta y comenzó a disparar al enemigo con bengalas.

Pero ahí nomás junto con las bengalas, comenzaron a disparar su artillería y, debo admitirlo, con una gran eficacia. No nos quedo más que tirar nuestras armas y levantar bandera blanca. Fuimos tomados prisioneros y justo al momento en que escuchábamos en la radio que la selección acababa de perder su primer partido en el mundial. Era una doble derrota.

Cuento ficción basado en la Guerra de Malvinas por (Hernán Dotto)

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