Crédito foto: Argentina- Bélgica, España 1982
Era la madrugada del 13 de junio, lo
sabíamos porque habíamos escuchado el día anterior en la radio, que la selección debutaría en el Mundial de España frete a Bélgica.
Por ese entonces a la radio la prendíamos sólo unos minutos al día ya que nos
quedaba el último juego de pilas, que nos había llegado en uno de los
reabastecimientos de mercaderías y balas que nos habían hecho.
La noche estaba parcialmente nublada,
eran muy pocas las estrellas que se lograban distinguir en el cielo, pero sí se
podía observar a la luna plateada como el aluminio. Era lo único que podíamos
ver en la fría noche desde de la madriguera en la que me encontraba junto a
José “el negro" Baltasar, un correntino de 19 años que había llegado desde un
pueblo muy pequeño, que no recuerdo el nombre pero si que tenía tan sólo 150
habitantes.
Él vivía con sus padres con total
armonía; trabajaba en la carnicería del pueblillo como ayudante de su tío,
mientras que por las tardes viajaba a la capital para ir a entrenar al club
Boca Unidos de Corrientes.
El negro era fanático del Boca
Juniors, de Buenos Aires, y su sueño era jugar con la azul y oro en
la Bombonera. Recuerdo que siempre me relataba el gol de
Maradona a Fillol y que tenía grabado en la mente aquel día en
que lo dejó de rodillas en el barro. Había estado presente ese partido, lo
había llevado un primo que tenia en el barrio de Caballito que conocía muy bien
su amor por el fútbol y por la entidad Xenize.
Estuvimos toda la noche despiertos,
teníamos los pies y las manos congeladas, nuestros estómagos chillaban pidiendo
algún alimento sólido y el viento cortaba nuestros rostros. El batallón
estaba a la espera de la llegada del enemigo, pues ya sabíamos que los ingleses
estaban por todas partes y que habían tomado casi todas lasIslas Malvinas y venían caminando hacia
nuestras coordinadas, por lo que en cualquier momento podríamos encontrarnos en
un enfrenamiento cuerpo a cuerpo.
La noche transcurrió sin que el enemigo
se hiciera presente por nuestro puesto de guardia. Promediando la mañana un
bomba tirada desde un avión estalló a pocos kilómetros de donde estábamos, por
lo que nos dimos cuenta de inmediato que los ingleses se estaban avecinando y
que la bomba era el principio de lo que terminaría siendo nuestra última
batalla.
El viento empezó a soplar desde el sur
con mayor intensidad y el zumbido que realizaba era cada vez más fuerte. Nadie
hablaba y el “negro” congelado estaba con el fusil en una mano y con la otra
tomaba su pequeña radio Spica que le había regalado su abuelo y se la ponía
junto al oído a la espera del comienzo del partido entre Argentina y Bélgica..
Minutos más tardes escuchamos otra
explosión. Primero muy alejada y luego atronadora. No nos dio tiempo
prácticamente a reaccionar; la neblina era muy espesa y no alcanzábamos a
dilucidar a más de unos 100 metros. Poco después escuchamos unas gigantescas
explosiones por lo que nos dimos cuenta que estaban bombardeado nuestra
retaguardia.
Los aviones que veíamos sobrevolar cada
tanto ya empezaban a desfilar por sobre nuestras cabezas como si fuera una exhibición
aérea.
A las 11:30, lo recuerdo claramente
porque radio
Nacional cortó su trasmisión previa al partido para dar un
informe sobre el ataque que las tropas enemigas estaban haciendo justamente a
nuestro puesto, los británicos realizaron tres ataques. El primero lo
rechazamos e hicimos que tengan que retroceder unos 50 metros gracias a que
respondimos con todo el armamento pesado que nos quedaba tirando con nuestros
morteros.
Pero ese ataque nos pego muy duro porque
nos habían entrado por nuestro fuerte. Entraron con una neblina terrible y
debido a unos de los bombardeos previos al ataque habíamos perdido nuestro
radar, por lo que se nos imposibilitaba saber por donde atacaría el enemigo.
Al comienzo del segundo ataque, “el
negro” me dice: “Acaba de arrancar el partido de la selección”. Esta ofensiva
nos entro por la izquierda, pero de frente a nosotros; o sea que otra vez
trataban de vencer la resistencia, pero los rechazamos nuevamente.
Por un momento se dio el cese del fuego y
en ese momento me acerqué al “negro” que estaba con la radio y juntos
escuchamos el gol de Bélgica. Peor no podíamos estar: nos estábamos
quedando sin municiones, los ingleses cada vez nos tenían más cercados y la
selección estaba perdiendo en su debut en el mundial.
En el tercer ataque nos arremetieron con
los morteros que les acercó la caballería que se había acercado desde la costa.
Ésta es un arma que nos complicaba mucho porque no teníamos el radar y nos era
muy difícil de detectar ya que escucha menos y a uno le sorprende el proyectil.
El Coronel Alustiza nos gritó que se
acaban las balas, agarró uno de los morteros, lo dio vuelta y comenzó a
disparar al enemigo con bengalas.
Pero ahí nomás junto con las bengalas,
comenzaron a disparar su artillería y, debo admitirlo, con una gran eficacia.
No nos quedo más que tirar nuestras armas y levantar bandera blanca. Fuimos
tomados prisioneros y justo al momento en que escuchábamos en la radio que la
selección acababa de perder su primer partido en el mundial. Era una doble
derrota.
Cuento ficción basado en la Guerra de Malvinas por (Hernán Dotto)

No hay comentarios:
Publicar un comentario